
La Fundació Dharma-Gaia és una entitat budista no sectària. Ens esforcem per promoure una visió ecumènica del Buddhadharma que inclogui totes les tradicions budistes.
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El manto de remiendos: un remiendo de sí mismo
El hábito de monje o kāṣāya (kesa, en japonés) es un objeto sagrado y al mismo tiempo es un remiendo. Un remiendo puede ser un trozo que se ha de remendar, o un pedazo de prenda cosido y reparado. Un remiendo es una sutura, un arreglo, algo que se repara porque no se quiere desechar. Un remiendo puede considerarse un hábito de monje budista, porque así está hecho, así lo confeccionaron los primeros discípulos del Buda, y el Buda mismo, y así lo confeccionan hoy día algunas tradiciones budistas. Desde este remiendo se despliegan varias preguntas que he venido confeccionando yo mismo a lo largo de mi vida de monje y de antropólogo. Mi pregunta es por este hábito rectangular. ¿Qué es el okesa (kāṣāya o hábito de remiendos)? ¿Y por qué es importante seguir cosiendo remiendos en la tradición budista contemporánea?

El manto de remiendos: un remiendo de sí mismo
El hábito de monje o kāṣāya (kesa, en japonés) es un objeto sagrado y al mismo tiempo es un remiendo. Un remiendo puede ser un trozo que se ha de remendar, o un pedazo de prenda cosido y reparado. Un remiendo es una sutura, un arreglo, algo que se repara porque no se quiere desechar. Un remiendo puede considerarse un hábito de monje budista, porque así está hecho, así lo confeccionaron los primeros discípulos del Buda, y el Buda mismo, y así lo confeccionan hoy día algunas tradiciones budistas. Desde este remiendo se despliegan varias preguntas que he venido confeccionando yo mismo a lo largo de mi vida de monje y de antropólogo. Mi pregunta es por este hábito rectangular. ¿Qué es el okesa (kāṣāya o hábito de remiendos)? ¿Y por qué es importante seguir cosiendo remiendos en la tradición budista contemporánea?

«El rigor crítico y la tradición viva son inseparables». Jorge Bartolomé Herrero (Guenyen Tenzing Namgyal) y la filosofía budista tibetana en español.
El estudio académico de la filosofía budista tibetana en lengua española sigue siendo un territorio escasamente transitado. Frente a la abundancia de literatura divulgativa —no siempre libre de sesgos orientalistas— son aún pocas las voces hispanohablantes que se adentran, con rigor crítico y desde el contacto directo con la tradición viva, en la complejidad filosófica del pensamiento indo-tibetano.

«El rigor crítico y la tradición viva son inseparables». Jorge Bartolomé Herrero (Guenyen Tenzing Namgyal) y la filosofía budista tibetana en español.
El estudio académico de la filosofía budista tibetana en lengua española sigue siendo un territorio escasamente transitado. Frente a la abundancia de literatura divulgativa —no siempre libre de sesgos orientalistas— son aún pocas las voces hispanohablantes que se adentran, con rigor crítico y desde el contacto directo con la tradición viva, en la complejidad filosófica del pensamiento indo-tibetano.

El Dharma en una China fragmentada: el budismo durante los Tres Reinos
Cuando la dinastía Han se derrumbó, China dejó de tener un único centro político y militar. El antiguo imperio se fragmentó en reinos rivales y cortes regionales. En ese mundo bélico e inestable, el budismo ocupaba todavía un lugar modesto en China: no era una religión de masas ni aun contaba con escuelas doctrinales chinas consolidadas. Pero la fragmentación política y social del siglo III no detuvo su circulación y avance. En una China sin un único centro de poder, el Dharma siguió moviéndose por cauces dispersos. Su transmisión dependió ahora de monjes llegados de la India y de Asia Central, de traductores, de pequeñas comunidades locales y también de soportes materiales como textos e imágenes.

El Dharma en una China fragmentada: el budismo durante los Tres Reinos
Cuando la dinastía Han se derrumbó, China dejó de tener un único centro político y militar. El antiguo imperio se fragmentó en reinos rivales y cortes regionales. En ese mundo bélico e inestable, el budismo ocupaba todavía un lugar modesto en China: no era una religión de masas ni aun contaba con escuelas doctrinales chinas consolidadas. Pero la fragmentación política y social del siglo III no detuvo su circulación y avance. En una China sin un único centro de poder, el Dharma siguió moviéndose por cauces dispersos. Su transmisión dependió ahora de monjes llegados de la India y de Asia Central, de traductores, de pequeñas comunidades locales y también de soportes materiales como textos e imágenes.

«Voces hacia la construcción de la paz»: budismo y tradición carmelitana en diálogo
En un contexto internacional marcado por guerras, conflictos armados y profundas divisiones sociales, el diálogo entre tradiciones religiosas y espirituales adquiere una relevancia renovada. La búsqueda de espacios de encuentro capaces de fomentar la comprensión mutua, la cooperación y la construcción de una cultura de paz constituye hoy una necesidad urgente.

«Voces hacia la construcción de la paz»: budismo y tradición carmelitana en diálogo
En un contexto internacional marcado por guerras, conflictos armados y profundas divisiones sociales, el diálogo entre tradiciones religiosas y espirituales adquiere una relevancia renovada. La búsqueda de espacios de encuentro capaces de fomentar la comprensión mutua, la cooperación y la construcción de una cultura de paz constituye hoy una necesidad urgente.

El crisol del Dharma (II): cuando el budismo se hizo chino
En el año 401, un monje centroasiático llegó a Chang’an tras diecisiete años de cautiverio. Se llamaba Kumārajīva, y cambiaría para siempre la forma en que China leía el Dharma. Su historia ejemplifica lo que ocurrió durante el Periodo de División: una época de guerras y fragmentación que, contra todo pronóstico, se convirtió en el crisol donde el budismo dejó de ser una religión extranjera —aunque no sin resistencia, persecuciones y acusaciones de traicionar los valores más sagrados de China—.

El crisol del Dharma (II): cuando el budismo se hizo chino
En el año 401, un monje centroasiático llegó a Chang’an tras diecisiete años de cautiverio. Se llamaba Kumārajīva, y cambiaría para siempre la forma en que China leía el Dharma. Su historia ejemplifica lo que ocurrió durante el Periodo de División: una época de guerras y fragmentación que, contra todo pronóstico, se convirtió en el crisol donde el budismo dejó de ser una religión extranjera —aunque no sin resistencia, persecuciones y acusaciones de traicionar los valores más sagrados de China—.


