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«El Punk es mi Buda». Reseña cinematográfica My Buddha is Punk.

En la era del buda Gautama, aproximadamente 2500 años atrás, el concepto de Derechos Humanos aún no había sido ratificado como el estandarte del humanismo. Al igual que hoy, entonces eran violados continuamente, también de manera desapercibida, numerosos derechos que ahora creemos esenciales. El buda Gautama no creó un movimiento de revolución social. Aun así, nunca aceptó la violencia, ni la supremacía de ningún ser, fuera este humano o divino, por lo que, claro está, mucho menos aceptó que se discriminara a alguien por ser diferente. La película documental que reseño aquí, My Buddha is Punk (2015) exhibe con gran acierto y audacia narrativa la desesperanza y angustia social de Birmania, una sociedad resquebrajada, en la que el fundamentalismo «budista» ha respaldado durante años, escandalosas violaciones de los derechos humanos. Los genocidios cometidos contra la minoría musulmana de los rohinyás, puso en pie a un grupo de jóvenes budistas con el propósito de dar a conocer, tal atrocidad, pero, sobre todo, lo que ellos consideran que implica de verdad el budismo. Curiosamente estos jóvenes activistas insisten en que el punk es su único «buda». Creo que no hace falta reseñar que en el tiempo del buda Gautama, el punk no existía. Ahora bien, como aquí indico, dudo mucho de que el pensamiento humanista del fundador del budismo, sus enseñanzas y la historia que hay detrás del movimiento punk birmano de este documental, no tengan nada que ver entre sí.

Bagan Temple Myanmar (National Geographic)

La escenificación fotográfica del documental es magnífica, aun no siendo un especialista en la materia, me considero lo suficientemente cinéfilo como para poder afirmarlo. La rutina diaria de su protagonista nos permite viajar junto a sus ideales por diferentes templos budistas y lugares recónditos de Birmania. Su expresión serena durante la práctica meditativa contrasta con sus exacerbadas facciones a lo largo de las escenas que relatan el frenesí con que celebran sus conciertos. Su música, así como su activismo, viaja asimismo por las zonas más rurales de dicho país, con la misión de conectar con nuevas generaciones y hacer no solamente que se acerquen a su banda, sino también a sus principios. La intensa mirada de su protagonista, Kyaw Kyaw, apela de este modo por reformar la sociedad birmana mediante la fusión de la música punk junto con su interpretación de las enseñanzas budistas.

Sinopsis de este documental

La historia documental de esta filmografía tiene como protagonista al activista birmano, Kyaw Kyaw, vocal del grupo birmano clasificado en el género rock-punk. Se hacen conocer como The Rebel Riot. Su intención es clara, revelarse ante el sistema establecido y poner en evidencia a través de su música, las violaciones a los derechos humanos que se dan en su país. Su motivación implica su interpretación del budismo, la cual pretende desligarse de la rígida relación que esta religión mantiene con las altas esferas políticas y tradiciones más arraigadas de su cultura. La historia es narrada desde el punto de vista de estos jóvenes, quienes se cuestionan el verdadero significado del budismo, expresando mediante el punk los valores que ellos consideran verdaderamente universales. 

Las nuevas generaciones representadas en el documental crecieron en la era de la dictadura birmana. Quizás por ello, parece que encuentran en el punk un canalizador a su búsqueda personal. Se identifican con este estilo de música y lo promueven como el espíritu del movimiento libertador que ellos mismos interpretan como el auténtico mensaje budista. Según las entrevistas públicas que ha dado el líder reconocido de la banda, el movimiento punk birmano, como fenómeno urbano, surgió en la década de los 90. En 2007, las protestas lideradas por determinados sectores de monjes, conocida como la «Saffron Revolution», derivó en que el fenómeno punk se estableciera como estandarte de la resistencia―afirma Kyaw Kyaw. Los principios humanistas, democráticos y budistas, de su sociedad son puestos en duda por este grupo de reformistas. Entre la idiosincrasia diaria de la capital birmana, Rangún, destaca el contraste de sus atrevidos atuendos punk, con los ropajes más conservadores de las gentes que transitan por las calles. El escepticismo ante las libertades individuales en su país, surge como parte de la rebeldía que estos jóvenes quieren transmitir, no solamente de la visión etnocentrista más arraigada en su sociedad, sino porque consideren precisamente se plantean que ésta dista cuantiosamente de la esencia del mensaje budista. Lo moderno contra lo tradicional no choca en esta historia como parte de una lucha generacional, sino más bien, se origina de una búsqueda de paz espiritual, desde el activismo social. Junto a los miembros de su banda Kyaw Kyaw trata de concienciar a los pueblos de su tierra sobre la carencia de herramientas democráticas de su sociedad, pero sobre todo de la constante violación de los derechos humanos resultante de la dictadura militar respaldada por la ortodoxia budista más acérrima. 

¿Por qué es necesario dar a conocer esta historia? 

El respaldo al recalcitrante discurso de odio desde ciertos sectores monástico-budistas de Birmania, en contra de mucho más que solamente la reputación social de los rohinyás, respaldó la campaña de genocidio étnico llevada a cabo principalmente por las fuerzas militares del país. Según el director de este documental, Andreas Hartmann, su propósito en filmar este documental fue dar a conocer la convulsa historia de Birmania, un país que, en 2011, tras más de cincuenta años manchados por la sangre de una tenaz dictadura, continúa sufriendo la violación de derechos humanos. Según los datos que facilita la organización no gubernamental dedicada a la investigación, defensa y promoción de los derechos humanos, Human Rights Watch, la minoría étnica de los rohinyás en Birmania ha sufrido durante décadas discriminación e incesante represión. Los rohinyás son una minoría de origen bengalí, musulmana, los cuales mayoritariamente no cuentan con el reconocimiento nacional (en 1982 la Ley Civil birmana negó su nacionalidad). Como apátridas han sufrido la persecución, ejecución y discriminación durante muchos años. Los genocidios hacia su etnia a manos de las fuerzas militares birmanas durante los últimos años, han obtenido el interés de los medios internacionales, aunque el conflicto no parece haberse resuelto por completo. 

Según esta organización se estima que aproximadamente un millón de rohinyás conviven aglomerados en campamentos de Bangladesh, donde la gran mayoría de ellos se refugiaron tras los crímenes de guerra cometidos contra su etnia, en Birmania, durante agosto de 2017. Aproximadamente 600 000 de estas personas han sido menospreciadas por su etnicidad, siendo confinadas en diferentes campos de concentración a lo largo de este país. Esta desgracia no es ajena a la ortodoxia fundamentalista, la doctrina política que se reclama como «budismo». El meollo argumental de la trama de este documental, es precisamente una reflexión sobre el verdadero mensaje budista. Su historia reflexiona sobre si el fundamentalismo podría ser en realidad considerado como auténtico «budismo». 

Desde el punto de vista filosófico budista

Desconozco en persona a ningún monje birmano. Sé que el budismo lleva durante siglos asentado como su pilar religioso, y que, así como sucede en la gran mayoría de países del sudeste asiático, su principal vertiente se adscribe con el budismo theravāda. No obstante, por mi especialización y formación en la materia, además de que conozco suficientes personas, soy consciente de que el «hábito no hace al monje», tampoco dentro del contexto budista. El análisis ontológico del buda Gautama radicaba precisamente en esto, en que lo que realmente importa es lo que alberga el corazón. Desde el punto de vista de la filosofía budista, ¿cómo podemos interpretar el mensaje de este documental? Bueno, aunque creo que no es necesario hacer el spoiler, ya que responder a esta pregunta no requieren un exquisito conocimiento de las enseñanzas budistas; me gustaría exponer aquí brevemente algunos argumentos para la reflexión. 

Si el proceso mental (saṅkhāra) de albergar odio o rechazo (dosa) (ya sin tan siquiera pararnos a discutir que este pudiera justificarse hacia un determinado tipo de etnia) fuera útil para revertir (paṭiloma) las causas del sufrimiento (dukkha), el buda Gautama hubiera dejado constancia de ello en sus enseñanzas. Al contrario de esto, él, que promulgaba la compasión y empatía por todos los seres sintientes, profesó precisamente el mensaje opuesto. 

Nunca el odio hace cesar el odio, en este mundo. 

Es el deshacerse del odio [lo que logra apagar la llama del odio]: esta ley es universal. na hi verena verāni sammantīdha kudācanaṃ averena ca sammanti esa dhammo sanantano (Dhammapada 5)

Como podemos intuir solamente con el análisis contextual de estos famosos versos, la desigualdad social, la sangre derramada de inocentes, así como el sufrimiento de otros seres (cualquiera que fuera su índole), no fueron temas que no preocuparan al buda Gautama. Aunque en su tiempo no se hubiera desarrollado del mismo modo aún el pensamiento nacionalista como sucederá en la historia contemporánea, la devastación surgida de la guerra entre diferentes reinos, comparte ideas etnocentristas con el conflicto birmano que aborda el documental. Mas allá del discurso apologético budista, desde el punto de vista académico (me atrevo a afirmar, precisamente por lo que me ataña), las enseñanzas del buda Gautama históricamente promovieron la práctica de los cuatro «refugios en Brahma», los cuales no son más que diferentes formas de expresar la cualidad más humana: la empatía. El amor universal, la compasión, alegrarse por los logros de los demás, son las prácticas altruistas que él definió como reparadoras, en primer lugar, para el que las pone en práctica, sobre todo cuando se realizan bajo el prisma de la ecuanimidad (upekkhā). El activismo de la banda punk-budista remite a la reflexión (aunque en ocasiones la expresen con demasiada distorsión en la guitarra, para mi gusto personal) de estas enseñanzas. El Óctuple Sendero (ariya aṭṭhaṅgika magga) es la base del mensaje ético budista. El Camino Medio, el método que el buda Gautama acuñó para que cada uno pudiera por sí mismo obtener su propia liberación implicaba más que meras palabras, hacer lo correcto. Lo correcto puede ser interpretable según la situación. Lo cual no quiere decir que eso no signifique hacer lo correcto. El buda Gautama nunca negó la conciencia (individual) del ser humano para discernir lo correcto, sino todo lo contrario. A pesar de que el buda Gautama y su grupo de seguidores renunciaron por completo a su estatus social, no cabe duda de que fomentó a lo largo de su vida la filantropía y el altruismo en todas sus vertientes posibles. Para él, hacer lo correcto siempre es aquello que nos «religa» con la verdad más absoluta. Kyaw Kyaw, tampoco pone en duda la capacidad individual de alcanzar la felicidad. Al igual que el buda Gautama, trata de promover en las personas la concienciación de esta capacidad, mediante su activismo social. Lo cual no es otra cosa, en mi opinión, que su interpretación de la compasión, el ejercicio que el buda Gautama recalcó sirve para desligarnos de todo aquello que nos ata a continuar sufriendo. Entre las actividades de voluntariado que el grupo punk birmano realiza destaca el Food Not Bombs («Comida, no Bombas», movimiento internacional que dio comienzo en Estados Unidos en la década de los ochenta), donde reparten alimento entre las personas más necesitadas. Él y su banda de punk no cesan en sus viajes por las zonas más rurales del país con el objetivo de ayudar a los más necesitados. 

Fotograma de My Buddha is Punk

¿No aferrarse, ni al propio budismo?

El renombrado monje chino Línjì 義玄 fundador de la escuela del budismo zen que lleva su nombre Yìxuán臨済 (en japonés leído Rinzai) dejó para la posteridad su mensaje resumido en la frase: «Si te encuentras con un buda, acaba con él». Este impactante consejo, aunque pudiera sonarnos paradójico, precisamente abogaba por desligarse de todo tipo de esencialismo (postura filosófica que el budismo desde sus inicios negó). El fundamentalismo religioso birmano, abanderado por ciertos sectores que se consideran a sí mismos budistas, parece no ser un rasgo particular de su pueblo, muy a pesar de lo que reivindica el movimiento nacional-centrista birmano. La filmografía que aquí reseñamos, o, mejor dicho, el problema central del que surge su historia, proviene precisamente de ahí, de la visión etnocentrista de aquellos que temen la desaparición de sus tradiciones. Interpretar los fenómenos de forma estática, como si fueran «cosas» independientes, (más que procesos interrelacionados) dista mucho de aquello que el buda Gautama enseñó. Para él, aferrarse a una idea (micchābhinivesa) derivaba de la interpretación errónea (micchādiṭṭhi), la cual a su vez repercute en que se actúe (micchākammanta) de una forma sesgada (micchāgahaṇa). Aquellos que así obran (micchācārī) dirigen su mente (micchāpaṇihita) en la dirección incorrecta, la cual encadena a continuar sufriendo. El afán (micchāvāyāma) y pensamientos (micchāsaṅkappa) que pudieran mostrarse en todo aquello que se realice en esta dirección que, recalcamos, nos agarra al sufrimiento, es detonante de una vida falsa (micchājīva). Algunos de los pasajes más antiguos del canon budista adscritos a la escuela theravāda recogen como enseñanzas directas del buda Gautama lo siguiente:

Sabiendo que esto es el sufrimiento, cuando estas experiencias, cuando se contempla que estos fenómenos son falsos (mosa), entonces en el momento que se contacta con ellos, su contacto se desvanece y se comprende su naturaleza (dhamma). Un monje que se precie, [es aquél] sin hambre, erradica sus sensaciones y se libera (parinibbuto)

etaṃ «dukkhan» ti ñatvāna mosadhammaṃ palokinaṃ phussa phussa vayaṃ passaṃ evaṃ tattha virajjati, vedanānaṃ khayā bhikkhu nicchāto parinibbuto ti (Suttanipāta 739)

Conociendo el peligro de esto, que «la llama del apego» origina el sufrimiento un monje debe obrar conscientemente, actuando libre de apego, sin aferrarse [a nada]

Etam ādīnavaṃ ñatvā taṇhā dukkhassa sambhavaṃ vītataṇho anādāno sato bhikkhu paribbaje ti. (Suttanipāta 741)

En estos pasajes, de los más antiguos que se conocen del canon budista, la idea parece clara. El apego y el hambre, son dos metáforas que van más allá de las pertenencias materiales, no olvidemos que, en el contexto monástico budista, éstas, carecen de ningún sentido. ¿Entonces a qué se remite aquí con ello? Básicamente a desechar cualquier tipo de idea, o lo que es de otro modo deshacernos del etnocentrismo. La negación de un ente individual (anattā), ejercer la compasión y el altruismo para con todos los seres, así como muchas otras enseñanzas budistas, no son otra cosa que un llamamiento a ello mismo. Si queremos ser aún más concisos y elaborar el argumento, diremos que, de tal modo, el proceso cognitivo (basado en el ansia de nuestra consciencia por alimentarse con estímulos) puede ser deconstruido. Vamos que eso que consideramos como real cuando nos aferramos a aquello que experimentamos, no es más que el producto de la interdependencia entre la materia y la consciencia, lo que nos mantiene dentro de la existencia (saṃsāra). La deconstrucción del proceso empírico es el objetivo de la práctica budista. Si meditas, pero hieres a los demás, no eres budista. Si haces punk, pero ayudas a los demás (también te estás ayudando a ti mismo, de ahí la idea de que el altruismo es liberador), sí eres budista de verdad. Ser budista no implica llevar un hábito específico, sino comportarse de la manera correcta. Lo correcto no implica un comportamiento específico, depende de la situación. Lo que no es relativo es la dirección que eso ha de tomar para ser identificado como correcto. El objetivo siempre es el mismo, contrarrestar los efectos de lo que produce el sufrimiento. 

Desde el prisma del líder del grupo punk, ciertos sectores de la principal tradición religiosa de su país habían tolerado, basándose en el esencialismo, primero, que la sistematización política de la religión derivara en que ésta se desligara de su mensaje altruista original, pero sobre todo que ello resultara en algo que contradice aún más su mensaje conciliador: el odio y su mayor exponente, la violencia. El fundamentalismo generado por la ortodoxia religiosa no es exclusivo a Birmania. La fuerte vinculación con el sector político de la comunidad budista en otros países del sudeste asiático ha propiciado que ideas nacionalistas se respalden bajo el pretexto de no permitir que se desvirtúe aquello que estas personas creen. La conversación que el líder del grupo punk birmano, Kyaw Kyaw mantiene en el garaje con otros seguidores de su movimiento, testifica sobre la raíz de la discordia. Kyaw Kyaw indica que para comprender y poner en práctica el mensaje budista de una manera íntegra lo que se necesita de verdad es «cambiar uno mismo, desde el corazón». El joven apela por algo más de lo que en su país se ha sido establecido como budismo. Su búsqueda de la libertad spiritual es más que notable. Su canalizador es el punk, para él, su «buda».

Fotograma de My Buddha is Punk

Reflexiones finales

Estoy convencido de que al buda Gautama no le hubiera gustado mucho la música punk. De hecho, no estoy seguro ni de que, si la hubiera escuchado, la hubiera considerado «música», como tal. Bueno, esto quizás sea una opinión excesivamente subjetiva del autor. Aun así, de lo que no me cabe duda es de que el buda Gautama no hubiera desaprobado completamente la intención implícita en el mensaje de: «El Punk es mi Buda». Para todos los amantes del humanismo, la historia moderna de Birmania, pero sobre todo observar cómo ciertas personas han superado las adversidades y luchan por defender la Verdad, merece una visita a la hemeroteca, además de una profunda reflexión personal. 

Shwedagon Pagoda Yangon

Artículos recomendados relacionados con el documental

https://www.nytimes.com/es/2019/07/11/espanol/birmania-budismo-musulmanes.html 

https://www.punkethics.com/rebel-riot-interview/

https://www.sandrahoyn.de/portfolio/the-punk-of-burma/ 

https://www.theatlantic.com/international/archive/2017/09/saffron-revolution-good-monk-myth/541116/ 

Dhammika Herath. (2020) Constructing Buddhists in Sri Lanka and Myanmar: Imaginary of a Historically Victimised Community. Asian Studies Review 44:2, pages 315-334.

McCarthy, Stephen (2008). «Losing My Religion? Protest and Political Legitimacy in Burma», Griffith Asia Institute Regional Outlook Paper, No. 18.

Steinberg, D. (2008). Globalization, Dissent, and Orthodoxy: Burma/Myanmar and the Saffron Revolution. Georgetown Journal of International Affairs, 9(2), 51–58. http://www.jstor.org/stable/43133778