A veces, el diálogo entre tradiciones no se lleva a cabo en grandes congresos interreligiosos o en solemnes encuentros institucionales, sino en la decisión callada de quien, después de toda una vida enseñando, elige volver a sentarse en la silla del alumno. Este es el caso del padre español Francisco Javier Sancho Fermín OCD, una de las voces más autorizadas en la enseñanza de la mística cristiana.

Carmelita descalzo, doctor en teología espiritual y director durante casi un cuarto de siglo del Centro Internacional de Estudios Teresianos y Sanjuanistas (CITeS), la Universidad de la Mística en Ávila, el padre Sancho Fermín ha consagrado su vida a estudiar y acompañar los caminos interiores trazados por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, dos de las figuras más decisivas de la mística occidental. Sin embargo, su deseo de comprender más profundamente el sufrimiento humano y sus posibilidades de transformación lo ha llevado recientemente a un lugar ciertamente inesperado: el corazón mismo del budismo contemporáneo en Asia.
Con su característica humildad intelectual y espiritual, el padre Sancho Fermín decidió enriquecer su vasta experiencia desde una perspectiva religiosa diferente, integrando conocimientos y enfoques más amplios. Su elección lo llevó al Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hong Kong, donde, con el apoyo de dicha institución y el respaldo de la Fundación Dharma-Gaia, completó una maestría en Consejería Budista (Buddhist Counseling). Esta innovadora disciplina integra los principios y las prácticas de la psicología basada en el Dharma con herramientas contemporáneas de orientación y ayuda, ofreciendo un enfoque integral para comprender y transformar el sufrimiento humano.
Lejos de ser una experiencia meramente académica, su estancia en Hong Kong se transformó en un diálogo interreligioso profundamente existencial, centrado en algunas de las vivencias que nos definen como seres humanos: aliviar el sufrimiento, practicar la compasión y ayudar al prójimo. Aunque la mística cristiana, representada por Santa Teresa y San Juan de la Cruz, y las enseñanzas budistas del Dharma parten de tradiciones distintas, ambas comparten un objetivo común: ofrecer caminos para trascender el sufrimiento humano y alcanzar una mayor plenitud espiritual. Este encuentro marcó un hito en lo que se conoce como «hospitalidad espiritual», un concepto que refleja la capacidad de acoger la sabiduría de otras tradiciones para enriquecer e iluminar la propia perspectiva espiritual.
A continuación, presentamos una entrevista con el padre Javier, en la que aborda temas clave de este diálogo intercultural. La discusión incluye sus motivaciones iniciales para emprender el curso, el impacto de ser estudiante en un entorno cosmopolita como Hong Kong, la aplicación práctica de la terapia del Dharma en el trabajo pastoral y el profundo sentido de gratitud que esta experiencia ha dejado en su identidad como carmelita.
BUDDHISTDOOR EN ESPAÑOL: Usted es un reconocido experto en la interioridad según Santa Teresa. ¿Qué lo llevó a interesarse específicamente por la consejería budista como parte de su formación espiritual y académica, siendo religioso carmelita?
P. FRANCISCO JAVIER SANCHO FERMÍN: Esta es una cuestión que tantas veces me he planteado a mí mismo, y que mis compañeros y profesores del máster me han preguntado en diversas ocasiones. Pienso que la respuesta, o al menos parte de ella, está muy ligada a lo que desde hace tiempo me ha venido ocupando y preocupando.
Mi campo profesional, además de las tareas ligadas al sacerdocio y al acompañamiento espiritual, se ha centrado en el estudio, la comprensión y la enseñanza de la espiritualidad, tarea en la que ya llevo más de 30 años. Este estudio y vivencia personal me han ido enseñando las profundas implicaciones que una espiritualidad sana tiene en la salud integral de la persona, y cómo los místicos y las personas que viven auténticamente su religiosidad y espiritualidad son generalmente personas más equilibradas y saludables. Es algo que se percibe y observa en todos los ámbitos y tradiciones religiosas.
Todo ello me ha llevado a un interés por entrar más profundamente en la espiritualidad de otras religiones, y específicamente en el budismo. La profunda dimensión psicológica y su sabiduría práctica milenaria, muy presente en la práctica meditativa y el desarrollo espiritual, me han abierto un amplio campo de comprensión y de confirmación de la importancia que adquiere el camino espiritual en la salud integral de las personas.
BDE: Ávila y Hong Kong parecen, a priori, dos polos distantes. ¿Cómo se construyó el puente que le permitió integrarse en el programa de aconsejamiento budista en el Centro de Estudios Budistas de HKU y qué facilidades halló para este diálogo intercultural?
FJSF: Todo fue muy casual, aunque una sucesión de hechos favoreció estos estudios. Yo había concluido mi tarea como director de la Universidad de la Mística tras casi 25 años al frente de su creación y dirección. Entonces, me ofrecieron la oportunidad de tomarme un año sabático. Como por entonces, mi padre estaba muy delicado de salud, no podía ausentarme por una temporada larga, y decidí dedicar el tiempo a profundizar en el inglés. Además, ya venía profundizando en mi conocimiento del budismo a través de los cursos en línea coorganizados por la Universidad Rovira i Virgili y la Fundación Dharma-Gaia.
En un viaje de regreso de impartir varios cursos en Japón y Vietnam, pasé por Hong Kong para un breve encuentro con Daniel Millet, en septiembre de 2023. En esa ocasión, también nos reunimos con el director del CBS de la HKU para hablar sobre el Congreso Internacional de Budismo que tendríamos en Ávila en el verano de 2024. Fue entonces cuando el profesor Halkias me habló del máster en Buddhist Counselling, dado mi interés en la interacción entre psicología y espiritualidad, y me ofreció la posibilidad de una beca.
En aquel momento no tomé ninguna decisión, pero prometí que lo pensaría. Unos meses más tarde decidí que sería una oportunidad única que podría enriquecer tanto mi vida como mi servicio en el campo de la espiritualidad. La única dificultad era obtener el permiso de mis superiores y conseguir la financiación para cursar el máster. Finalmente, todo se fue dando, y estoy profundamente agradecido a la Fundación Dharma-Gaia y al CBS, que han hecho posible estos estudios.

BDE: Más allá del currículo académico, ¿cómo describiría la atmósfera y la dinámica de este programa? En un entorno tan cosmopolita como Hong Kong, ¿qué supuso para usted —como carmelita y académico— dialogar con ese mosaico de sensibilidades espirituales y profesionales en su visión del acompañamiento?
FJSF: El programa, desde un primer momento, me pareció muy serio y equilibrado. Ya había examinado antes programas de otras universidades norteamericanas en las que se ofrecían estudios de integración entre psicología y espiritualidad. Pero eran programas que no me convencían por su contenido, a veces muy vago o difuminado.
Ciertamente, uno siempre desea ahondar más en algunos temas y aspectos, pero el tiempo no permite abarcar todas las cuestiones que podrían ser de gran valor. En su conjunto, el programa aúna muy bien la práctica psicoterapéutica con la práctica espiritual, y ofrece amplios marcos de comprensión y estudio que, sin duda, luego han de ser ampliados por el alumno.
En cuanto a los compañeros de curso, la experiencia fue algo sorprendente. En los cursos principales éramos más de 40, de diferentes edades y diversas nacionalidades, aunque la mayoría provenía de Hong Kong y China. Había un buen grupo de monjes y monjas, laicos de diversos ámbitos profesionales… Resultó ser un intercambio profundamente enriquecedor. Y todos —salvo un servidor— practicantes budistas.

BDE: Entrando ya en la materia del máster, ¿qué temas o contenidos específicos destacaría por su valor?
FJSF: Para mí, lo más destacado del curso fue la notable armonía entre lo psicológico y lo espiritual; entre la práctica contemplativa y los principios científicos derivados de la psicología. El profesorado se mostraba plenamente consciente y convencido de la importancia de esa interacción y de la necesidad de alcanzar un equilibrio.
En este sentido, la calidad académica la calificaría como extraordinaria, basada en un equipo de profesionales y practicantes convencidos de la espiritualidad budista. Eso le da una mayor consistencia y credibilidad a todo el curso.
BDE: Más allá del currículo académico, ¿podría compartir si hubo algún momento particular o situación específica que le haya marcado profundamente o que haya aportado un matiz nuevo a su visión del acompañamiento espiritual?
FJSF: Afortunadamente, mi manera de pensar siempre ha sido muy abierta y dialogante. Por eso no puedo decir que hubiera cambios bruscos o determinantes. Sin embargo, sí me sentí profundamente enriquecido. Muchos elementos se han integrado en mi propia vivencia y conocimiento como ejes clarificadores, confirmando lo que siempre he intuido: la gran riqueza espiritual que caracteriza a la humanidad.
Los momentos de práctica de acompañamiento psicoterapéutico fueron de un valor incalculable, pues se trabajaba en un ambiente de gran intimidad y confianza, donde teníamos la oportunidad de entrar en el misterio de la vivencia del otro. Siempre que alguien abre la puerta de su interioridad, uno se ve sumamente enriquecido. No son teorías, sino vidas que se comparten. En esos encuentros uno constata, por un lado, el deseo profundo de vivir auténticamente los valores encarnados en la tradición budista y, a la vez, verifica que todos nos enfrentamos a dificultades semejantes en el proceso espiritual y de desarrollo humano.
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