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MIREIA PRETUS LABAYEN: Háblanos del centro de retiros que tenéis en Girona.
Lama Tsondru: Cuando volvimos a Samye Ling después de haber hecho dos retiros, estábamos yo y otro lama y queríamos ofrecer a la gente de aquí la posibilidad de hacer retiros. Nos las arreglamos para conseguir dos granjas, dos casas, dos masías en lo alto de la montaña, entre Santa Coloma y más arriba. Entonces empezamos a hacer muchas enseñanzas y retiros cortos. Surgió un grupo de personas que querían hacer el retiro de tres años, y lo organizamos. Hubo un grupo de personas, 11 mujeres y 9 hombres, en total 20 personas, que hicieron este retiro, muy bien. Tenemos fotos de la finalización del retiro, y algunos de ellos se hicieron monjes.

Fue muy bonito. Después quisieron hacer un segundo retiro, y muchos de los que participaron en el primero y se hicieron monjes decidieron repetir la experiencia. Este segundo retiro terminó en el año 2012. Sin embargo, desde entonces no hemos vuelto a organizarlos, ya que parece que no son lo más adecuado para los occidentales. Este tipo de retiro fue diseñado por Tai Situ Rinpoche* en el pasado, como una manera de formar lamas. En estos retiros se aprende todo, y una persona que ha pasado por todo puede enseñarlo todo. Pero los occidentales no necesitan esto, no quieren formarse como lamas; lo que quieren es encontrarse a sí mismos.
Por eso, estoy pensando en hacer otro tipo de retiros. En nuestra sangha, algunos amigos y yo subimos al centro de retiros uno o dos meses al año y realizamos retiros como antes, con horarios intensos, desde las cinco de la mañana hasta las diez de la noche, haciendo prácticas individuales y colectivas. Seguimos haciendo esto.
Para las personas que quieren hacer un retiro, pero no pueden ir a la montaña, les dejamos hacerlo en la parte baja del monasterio. Tenemos habitaciones individuales en la parte baja, les damos la comida hecha, y mucha gente lo está aprovechando. Son retiros individuales, donde cada uno hace su práctica, pero los guiamos y les ayudamos si lo necesitan. Así es como lo estamos haciendo hoy en día.

MPL: ¿Qué recuerdas de tu ordenación como monja?
LT: Cuando estaba haciendo el retiro, pensaba: «Dentro de un año tengo que salir y decidir qué hago con mi vida». Estuve dándole muchas vueltas. Quería hacerme monja, pero en aquella época no había monjas. Pensaba: «Voy a tener que ir por la calle rapada y vestida así... ¡Qué horror! Esto no lo puedo hacer». Al final me decidí.
Le dije a Tai Situ Rinpoche, que era quien tenía que darme la ordenación: «Yo no quiero ir con el cabello totalmente rapado». Él me dijo: «De acuerdo». También le dije: «Si hace falta, puedo llevar una falda larga». Él volvió a decir: «De acuerdo». Desde el primer momento, yo quería adaptarme para no llamar la atención, porque no me gusta llamar la atención. En aquella época no había nadie más, y cuando ibas por la calle te decían «Hare Krishna», y eso daba mucha rabia. Pero con el tiempo, muchas mujeres se han hecho monjas, y esa situación ha cambiado.

Unos años más tarde, tuve la oportunidad de tomar la ordenación mayor de bhikshuni (guelongma). En ese momento, la tradición tibetana no tenía esta ordenación porque decían que en el Tíbet nunca habían llegado las monjas totalmente ordenadas. Para hacer esta ordenación hacen falta monjes y monjas, y muchos no se ponían de acuerdo. Había resistencia, especialmente por parte de la escuela Gelugpa. No sé por qué motivos, pero están estancados en esto. El Dalái Lama lo intenta, pero hay mucha resistencia.
En el año 1997, un grupo de monjas de Taiwán vino a Sant Feliu y le dijo a nuestro abad: «Si llevas a tus monjas a Bodhgaya, nosotras patrocinaremos una gran ordenación masiva de bhikshunis». Entonces fuimos, éramos diez, y nos ordenaron a todas como bhikshunis bajo el árbol Bodhi. Fue una experiencia muy especial, pero también muy triste, porque fue allí donde murió mi amiga Ani Chopel.

MPL: Si puedes hablar un poco más de esta historia...
LT: ¿Quieres que te lo explique? Mi amiga Chopel.
Habíamos hecho toda la preparación del primer retiro, habíamos completado el primer retiro y el segundo retiro. Éramos como hermanas del alma, y ella tenía problemas de corazón desde pequeña. Tenía una diligencia enorme porque pensaba que iba a morir, como realmente sucedió. Por eso no dormía, no comía, y a veces era un problema porque se le iba un poco la cabeza, pero realmente ella seguía y seguía. Cuando terminamos nuestros retiros, siguió haciendo retiros, y fue entonces cuando se supo que existía esta ordenación y llegó la oportunidad de ordenarse.
Tuvimos que hacerle un informe médico un poco trucado para que pareciera que estaba bien de salud, porque allí eran muy estrictos. Nos hacían estar de pie todo el día, algo que era muy duro para nosotras, acostumbradas a estar sentadas en el suelo. Fue muy difícil, y entonces la vi muy diferente. Todo el día reía, estaba contenta, no comía ni dormía, y me parecía muy raro.
Un día nos dijeron que por la madrugada iríamos a hacer oraciones bajo el árbol Bodhi. Íbamos por la calle y ella iba corriendo, algo que nunca hacía, cantando y riendo. Pensé: «¿Qué le pasa?». Pues bien, allí se sentó para hacer las oraciones. Entonces llegó un grupo de tibetanas que iban a empezar las alabanzas a Tara. Ella dijo: «Me voy a hacer las alabanzas a Tara con las tibetanas». Fue allí, se sentó, y pum, cayó. Ya no pudieron recuperarla.

Lo que dicen todos es que se fue directamente al Dewachen ["Tierra Pura" o el "Paraíso" del Buda Amitabha], porque se fue con la intención de hacer las alabanzas a Tara, con una mente purísima, bajo el lugar iluminado. Entonces la cremaron. Tenemos una foto de ella. Se hizo una hoguera en medio del río Neranjana, que era el río donde Buda se iluminó. Allí hicieron la cremación, y fue un caso único. En medio de la cremación, comenzaron a salir unos rayos blancos del sol que llegaban a la hoguera. La hoguera quedó rodeada de rayos blancos, y fue muy bonito. Ella era como una estrella. Se llamaba Anna Chopel.
Era de Madrid, y su padre era embajador en la Unión Europea, en Estrasburgo. Esto fue muy duro para la organización china porque tenían mucho miedo de que, siendo ellos políticos, los padres dijeran: «¿Qué le habéis hecho a mi hija? ¿Cómo la habéis tratado, que se ha muerto?". Pero no dijeron nada. Todo salió bien, aparte del dolor, pero todo fue bien.

MPL: Háblanos un poco de Sakyadhita Spain, de la cual tú fuiste una de las fundadoras.
LT: Sí, cuando estuve en Hamburgo hicimos una reunión para hablar sobre si finalmente se podía ordenar a las monjas como bhikshunis, todos leyeron sus informes, y decían que sí, que se había investigado y que era posible. Entonces vino el Dalái Lama, levantó la mano y dijo que lo sentía mucho, pero que tenía presiones detrás y que no podía decir que sí. Dijo que teníamos que seguir yendo con los chinos para que nos ordenaran.
Allí estaba Tenzin Palmo, que había estado perseverando mucho. Total, que allí pensé que aquello no podía ser, que había que hacer algo mejor. Había una organización llamada Sakyadhita Internacional, y cuando me enteré de ello intenté hablar con ellas para hacer una Sakyadhita España. Pero estaban tan ocupadas hablando con periodistas que no tuve oportunidad.
Entonces, aquí en España, Montse Castellà, que también por su cuenta había ido a otro lugar y había vuelto con la misma idea, nos juntamos para poder crear una asociación que defendiera los derechos de las mujeres. En principio, para mí era sobre las monásticas, porque eran las que no dejaban ordenar. Decían que les quitaban estudiantes a los monjes. Es terrible, ¿no? En algunos países dejaron ordenar a monjas, y entonces ellas ayudaban mucho más a la población. Les cobraban, les asistían, y los monjes tenían menos donaciones. Era por eso: los monjes tenían menos donaciones y les dijeron que no.
Hoy en día está mucho mejor. Se está arreglando, y espero que Sakyadhita Internacional y Sakyadhita España podamos hacer algo para que todo esto pueda avanzar.

MPL: ¿Y qué actividades hacéis durante el año?
LT: Bueno, hacemos actividades para buscar mujeres maestras, porque siempre parece que los maestros son hombres. Entonces organizamos encuentros entre ellas y hablamos sobre las maestras. Yo siempre pienso que podemos hacer muchas otras cosas. Es algo que tenemos que discutir.
MPL: Después de tantos años desde el primer centro budista y de todas tus actividades, ¿qué destacarías del trabajo que habéis realizado?
LT: Bueno, primero establecimos algo que no existía, lo cual es algo muy importante. Después hemos publicado muchos libros budistas. También hemos conseguido tener un monasterio con monjes, porque hay muchas mujeres que, siendo jóvenes, le gustaría ser monjas, pero no tienen la situación adecuada. Ahora tenemos un estilo en el que contamos con 8 sanghas, monjes ordenados de por vida, y esperamos que vengan más. Mi idea, después de haber hecho tantos retiros, era que mis monjes hicieran retiros, que fueran monjes para servir a la comunidad durante un tiempo, pero que después se fueran turnando y pudieran hacer retiros. Pienso que estas dos cosas —servir a los demás y prepararse uno mismo para poder servir mejor a los demás mediante el retiro— son algo muy bueno.
MPL: ¿Cuál es tu visión sobre cómo ha sido la evolución del budismo en Cataluña?
Al principio, el budismo en España, en Barcelona, me parecía muy bien. Lo veía muy puro, con linajes puros: los linajes, los grupos, los kayus, los gelugpas y los sakyas. Pero después he visto que empezaron a surgir muchas entidades que no tienen ya casi ni linaje, y no estoy muy contenta. No hace mucho le preguntaron a Tai Situ Rinpoche si estaba contento, y él dijo que no, que no estaba contento porque el budismo se está expandiendo muchísimo por el mundo, pero que cuando algo se expande tanto, acaba perdiendo mucha de su pureza. Y entonces el budismo se desmembrará porque cada uno empieza a decir su opinión, y entonces ya no es budismo, sino algo moderno, algo de hoy en día.
Lo que más le importa a Tai Situ Rinpoche es que las escuelas mantengan su integridad, porque si no, el budismo se acabará. De hecho, eso fue lo que dijo en Múnich: «El budismo se acabará, lo acabarán los mismos budistas porque irán desintegrándolo, cambiando cosas, y el espíritu original, que es lo más importante, desaparecerá». Yo lo que hago es pensar: «Bueno, los demás que hagan lo que quieran, yo sigo adelante». Sigo las instrucciones de mis maestros, que son muy buenos, y sigo hacia adelante con todo lo que sé y todo lo que puedo hacer.
MPL: Llevas muchos años dedicada a viajar por el mundo dando enseñanzas desde la tradición del budismo tibetano. ¿Cuál es tu enfoque de las enseñanzas del Dharma en la sociedad actual?
Pienso que estoy buscando partes del Dharma que la gente pueda comprender bien, pero sin salirse del budismo. Por ejemplo, una cosa que estamos haciendo ahora y que funciona muy bien es el estudio de las emociones negativas, cómo trabajar con ellas dentro de las diferentes escuelas: escuela hinayana, mahayana, vajrayana. Cada una tiene diferentes maneras de trabajar con las emociones negativas. Las emociones negativas son algo que todo el mundo padece, así que es budismo, pero a la vez es un budismo accesible.
Otra práctica es el lojong, el entrenamiento mental: cómo entrenar tu mente para ser feliz, para hacer felices a los demás, para convertir las situaciones negativas en situaciones positivas. Todo este trabajo de entrenamiento mental les va muy bien a las personas de la calle. Incluso tengo personas muy cristianas que siguen las enseñanzas del lojong porque dicen que es exactamente lo que dijo Jesucristo. Ellos me dicen: «Cuando tú dices “el gurú” …, nosotros decimos Jesucristo, y encaja perfectamente».
O sea, todo lo que ayuda a la gente de la calle, incluso a personas de otras religiones, también les sirve. Después está toda la parte del mindfulness, la meditación, aprender a relajarse, seguir la respiración. Hay muchas cosas que, sin profundizar demasiado en el budismo, son súper útiles para todos, incluso para los cristianos.
MPL: Y por último, si puedes compartir algún tipo de enseñanza, algo que para ti sea una inspiración en tu vida.
Para mí, mi inspiración viene de las vidas de los grandes maestros como Milarepa, Gampopa, Marpa. Los leo una y otra vez, y encuentro tanta inspiración en ellos. Es como un refugio, algo que me muestra hacia dónde quiero ir y hacia dónde voy.
Muchas gracias, Lama Tsondru, por este momento tan inspirador y este encuentro tan enriquecedor. Muchas gracias.
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*Aunque a veces se pueden ver las otras variantes («rimpoche», «rinpoché», «rimpoché»), la grafía «Rinpoche» es la que se utiliza con mayor frecuencia en textos especializados.
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Mireia Pretus Labayen cursó sus estudios en la Universidad Ramn Llull de Barcelona, obteniendo la licenciatura de periodismo. Posteriormente hizo un curso en la Escola Superior d´Imatge i Disseny (IDEP) sobre guion de cine y producción. En el año 2001 empezó su interés por el budismo, y desde entonces, ha estudiado y practicado con diversos maestros budistas, especialmente de la tradición tibetana. Durante estos años ha colaborado intensamente como traductora, especialmente traducción simultánea del inglés al español de maestros budistas, y ha colaborado con la Fundación Casa del Tíbet de Barcelona, Universidad de la Mística de Ávila, Contemplative Consciousness Network y la Fundación The Meridian Trust. Ha sido miembro del equipo de la Coordinadora Catalana de Entidades Budistas. En la actualidad trabaja para la ONG inglesa The Friendly Hand, coordinando proyectos educativos y de salud en UK, España, India, Perú y Sri Lanka.
